
Cuando el Universo quiere que la humanidad centre su atención de manera global en una zona, siempre crea circunstancias masivas que obligan a ello. Haití no ha sido la excepción.
El mundo entero mantiene su atención ahí y así permanecerá por un tiempo obligándonos a reflexionar y volver la mirada a las zonas que hace falta atender de manera masiva e individual.
A través del sufrimiento y el dolor se nos está obligando a crear cambios necesarios que no han podido hacerse a través de otras formas.
Haití se desploma y con ello se desploma una existencia de esclavitud, pobreza, dolor, miedo, carencia y un sistema caduco. Energéticamente se libera. Físicamente quedan las acciones a tomar.
La realidad de Haití no está aislada a las demás zonas del mundo. No estamos alejados ni exentos de una catástrofe similar. En términos espirituales, Haití, nos refleja mucho de nuestra sombra también. Haití ha sido siempre la representación de la pobreza, la carencia, el miedo más básico de sobrevivencia, entre otras cosas.
Un terremoto de magnitud 7,3 equivale a laenergía liberada por una explosión igual a 400 mil toneladas de TNT.Descripciones trágicas eran transmitidas.
Los heridos en las callesreclamaban a gritos auxilios médicos, rodeados de ruinas con familiassepultadas. Nadie, sin embargo, había podido transmitir imagen algunadurante muchas horas.La noticia nos tomó a todos por sorpresa.
Muchos escuchábamos confrecuencia informaciones sobre huracanes y grandes inundaciones enHaití, pero ignorábamos que el vecino país corría riesgo de un granterremoto. Salió a relucir esta vez que hace 200 años se había producido un gran sismo en esa ciudad, que seguramente tendría unos pocos miles de habitantes.



